Entendemos por desigualdad económica el indicador que comprende todas las disparidades en la distribución de bienes e ingresos económicos. Se hace especial hincapié en la distribución de la renta. El término se refiere normalmente a la desigualdad entre individuos y grupos en el interior de una sociedad, aunque también la podemos utilizar para medir la desigualdad entre países.
En la presente entrada trataremos de hacer un análisis comparativo de la situación socioeconómica en Argentina y Brasil. El motivo de esta elección no responde solo a motivos de proximidad geográfica o a averiguar si su rivalidad futbolística traspasa las fronteras de lo meramente deportivo, sino que la voluntad última de nuestro estudio será determinar si las constantes crisis que han afectado a sus economías o el tardío desarrollo de las mismas han podido tener un efecto importante en la desigualdad de sus sociedades.
El contexto económico de Brasil

Ésta fotografía muestra las dos primeras capitales de Brasil, Salvador de Bahía y Río de Janeiro (ciudades costeras). En el siglo XIX se decidió trasladar la capital hacia el interior.
Fuente: página oficial de la CIA.
Brasil dispone de abundantes recursos naturales y su economía está relativamente diversificada. Gran potencia agrícola, Brasil es el primer productor mundial de café, caña de azúcar, naranjas, y uno de los primeros productores de soja, así como el cuarto en exportaciones de madera. El país atrae a bastantes empresas multinacionales de la industria agroalimentaria y de los biocarburantes. Brasil cuenta con el mayor volumen de ganado comercial del mundo. Aún así, la aportación de la agricultura al PIB es relativamente escasa, ya que representa únicamente el 6,6%, pero este sector asegura el 40% de las exportaciones.
Se trata también de un gran país industrial. La explotación de su riqueza en minerales le coloca como segundo exportador mundial de hierro y uno de los principales productores de aluminio y hulla. Como país productor de petróleo, Brasil podría autoabastecerse a corto plazo. La importancia del país en los sectores textil, aeronáutico, farmacéutico, automovilístico, siderúrgico y químico es cada día mayor. La mayoría de los grandes fabricantes de automóviles han establecido unidades de producción en el país. El sector industrial representa casi más de un cuarto del PIB.
El sector terciario representa dos tercios del PIB. El país ha emprendido estos últimos años la producción de servicios con alto valor añadido, especialmente en el ámbito de la aeronáutica y las telecomunicaciones.

En el cuadro anterior podemos observar la evolución de algunos de los indicadores macroeconómicos más importantes de la economía brasileña.
Se observa que los altos picos inflacionarios se corresponden con altas tasas de pobreza, como ejemplos podemos utilizar los años 1990 y 1992, lo que nos da a entender que la inflación perjudica a aquellos de bajos ingresos y que cuando los incrementos de precios existieron a bajas tasas no hubo aumentos significativos de la tasa de pobreza. Sin embargo, pese a la estabilización de precios que se produjo a partir de 1995 la pobreza no disminuyó, sino que se mantuvo constante oscilando entre el 35% y el 32 %.
Es también reseñable el hecho de que el desempleo fue creciendo desde comienzos de los años 90, incluso aún ante crecimientos de la economía, generando su mayor pico en el año 2003. Esta situación se agravó con la crisis que atravesó la economía brasileña en 1998, lo que implicó leves incrementos del PIB per capita pita, tasas de desempleo muy altas y un índice de pobreza que alcanzó el 35,3%.Si bien la economía brasileña creció a un ritmo constante, este crecimiento no se vio reflejado a la hora de poder paliar factores que amenazaban al país como la redistribución de la riqueza, el desempleo y la pobreza, variables que permanecieron prácticamente estancadas.
La llegada de Lula da Silva al poder y el éxito de sus políticas sociales, contribuyeron la caída en el índice de pobreza desde 2004 hasta el 2008, aumentaron la ocupación, y redujeron la desigualdad.
El contexto económico de Argentina

Imagen de satélite del cono sur de América del Sur. Muestra la vegetación verde en la Cordillera de los Andes del sur de Chile, las llanuras patagónicas del sur de Argentina y las Islas Malvinas. Las zonas verdes brillantes son las floraciones de algas.
Fuente: NASA
La economía de la República Argentina se beneficia de enormes recursos naturales, una población sumamente alfabetizada, un sector orientado a la exportación de productos agrícolas y una base industrial diversificada. Sin embargo, sus resultados económicos han sido muy desiguales a lo largo de la historia. A principios del siglo XX era uno de los países con mejores perspectivas del mundo, pero en la actualidad se ha estancado como un país de ingreso superior medio y en vías de desarrollo.
La producción de alimentos agropecuarios ha sido, tradicionalmente, uno de los puntales de la economía argentina, principalmente la producción de cereales y oleaginosas (vegetales de cuya semilla puede extraerse aceite), que juntos constituyen la primera exportación del país. Por su parte la ganadería bovina, que aporta la materia prima para la industria de la carne, es un sector de gran importancia. Otros productos de exportación son el petróleo, el gas natural y los productos petroquímicos. Por otra parte, la industria manufacturera argentina es el sector que más valor aporta al PIB, alrededor del 25% del total. Las manufacturas también tienen un peso específico dentro del sector industrial ya que son un foco importante de generación de empleo.

En el cuadro anterior podemos observar la evolución de algunos de los indicadores macroeconómicos más importantes de la economía de Argentina.
Analizando las series de datos correspondientes a Argentina durante el período 1990-2008, se observa que no siempre coincide un crecimiento del PIB per capita con mejoras distributivas, y menos aún con reducciones de la pobreza o reducción del desempleo. Si nos fijamos atentamente podemos observar una tendencia creciente de dicho indicador para todo el período, exceptuando pequeñas caídas en 1995 cuando tuvo lugar la crisis del Tequila en México y en 1999 cuando otra crisis afectó a Brasil y arrastró consigo el MERCOSUR. Una caída mucho mayor se produjo en el período 2001-2002 durante la crisis financiera en Argentina, conocida como “el corralito”.
Por otra parte, la pobreza tuvo altibajos, reduciéndose a principios de los años 90, incrementándose a partir de 1994, y tras producirse otro pequeño descenso hacia finales de los 90 aumentó drásticamente tras “el corralito” hasta alcanzar un máximo de 57,5% en el año 2002. A partir de entonces la tendencia fue la disminución paulatina de la tasa de pobreza aunque parece ser que actualmente su valor está estancado, y quién sabe si podría aumentar, dada la gran inflación en la economía argentina. En los gráficos que siguen a continuación podemos observar dichas tendencias y compararlas con las de Brasil, notablemente distintas.

Fuente: INDEC: Instituto Nacional de Estadísticas y Censos IBGE: Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística

Fuente: INDEC: Instituto Nacional de Estadísticas y Censos IBGE: Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística
El caso brasileño es, como podemos apreciar, mucho menos brusco en sus fluctuaciones. El país carioca ha sido capaz de reducir el indicador de la pobreza del 41% en 1991 al 30 % en 1993. Hasta 2005 se mantuvieron valores en torno al 32 % y a partir de allí se logró un descenso notorio hasta alcanzar el 18 % en 2008.
En el cuadro estadístico referente al desempleo podemos notar que, según el INDEC, en la década de los 90 el desempleo en Argentina tuvo fluctuaciones con una tendencia al aumento del mismo que duraron hasta principios del 2000, alcanzando su punto máximo en el año 2002 con una tasa de desempleo próxima al 21,5 %. A partir de 2003, una vez dejado atrás el período más crudo de la crisis argentina, descendió continuamente hasta alcanzar en el 2008 los valores de principios de 1990, que se situaban entre el 8 y el 9 % de la población. En cambio en Brasil, si bien en este mismo período se observa una tendencia creciente, los valores son sensiblemente inferiores a los de su país vecino. Presenta también dos picos aunque no tan marcados, con valores máximos en 1999 y 2003 que rozan el 13%. Después de dicho período los valores siguen una tendencia decreciente hasta el 2008.
Tras la crisis en Argentina comenzó una mejora redistribuida y una caída del desempleo y la pobreza, conforme hubo crecimiento económico. Aunque bien es cierto que la economía argentina solamente podrá superar estas crisis recurrentes de balanza de pagos (provocadas por la Ley de Convertibilidad de 1991 y la devaluación del dólar argentino en 2001) en un contexto de crecimiento cuando se decida a poner en marcha una remodelación cualitativa de su estructura productiva que permita el crecimiento con un equilibrio relativo de su cuenta corriente. Aunque para ello se requiere una nueva política industrial y tecnológica que persiga centralmente este objetivo.
Cómo bien hemos comentado con anterioridad para medir la desigualdad económica de un país es conveniente analizar la evolución del PIB de ese país y compararlo, en este caso, con el otro país estudiado.
El gráfico anterior nos muestra la evolución del crecimiento anual del PIB argentino desde 1990. Podemos observar que desde finales de la década de los 80 y hasta 1990 el crecimiento ha sido negativo como consecuencia de los procesos inflacionarios. A partir de 1991, y tras ponerse en marcha el Plan de Convertibilidad, Argentina mejoró notablemente su posición en el mercado internacional creciendo a un ritmo superior al 12% anual, dicha tendencia creciente continuó hasta 1994 cuando la crisis del Tequila en México ralentizó el crecimiento argentino hasta dejarlo alrededor de un 6% en los años 1993 y 1994. En 1995, la crisis mejicana dejó sus secuelas en la economía argentina, legando tras de sí un caída del 2,8% del PIB. Durante 1996 hubo cierta recuperación del flujo de capitales e inversiones hacia la región latinoamericana que favoreció la recomposición económica a nivel general. Dicha recuperación continuó hasta 1998 cuando se desaceleró como consecuencia de la crisis asiática y rusa que afectó a Brasil y al MERCOSUR en conjunto. El descenso en el nivel de actividad económica se alargó hasta 2001 y tras la salida forzosa de la convertibilidad se produjo una caída más acusada aún de la economía, evidenciándose en el año 2002 con una valoración negativa del PIB de 10,9 %.
A partir de 2003, como nos muestra el gráfico superior, Argentina comenzó a recuperarse económicamente con un crecimiento sostenido.
El PIB interno de Brasil ha experimentado una tendencia irregular como podemos apreciar en las importantes fluctuaciones dibujadas en el gráfico superior. La mayor caída se produjo en 1990, con un descenso del 4,2% y la tasa con mayor crecimiento se registró en 1994, período en el que la economía brasileña creció un 5,9%.
Una vez introducido el Plan Real (plan de estabilización económica ideado por el gobierno de Itamar franco), el PIB se mantuvo sin alteraciones hasta 1998. A comienzos de 1999 el país entró en crisis, durante el período de recesión el PIB brasileño de mantuvo estable, aunque el PIB per capita se vio afectado en mayor medida.
Generalmente, la producción nacional brasileña ha aumentado desde el nacimiento de MERCOSUR. Las desaceleraciones observables en 1998 y 1999 son las únicas de este período. En el año 2008 la producción alcanzó sus máximos valores.
En los últimos años ha tenido dos picos importantes de crecimiento económico, en 2004 y 2007 con valores de 5,7 % anual, fundamentados principalmente en el sólido aumento de la demanda interna, a causa de la expansión del consumo (debido a mejoras en los salarios) y a la inversión.
Además del PIB interno de un país otra medida que nos facilita información para medir la desigualdad entre países es el PIB per capita.
PIB Per Capita
La renta per capita o PIB per capita es la relación que hay entre el PIB (producto interior bruto) de un país y su cantidad de habitantes. Para obtenerlo, hay que dividir el PIB de un país por la población del mismo. Es un indicador usado para estimar la riqueza económica de un país, así pues podemos considerar que la renta per capita está positivamente correlacionada con la calidad de vida de los habitantes de un país.
Los años de crecimiento continuo en la economía argentina desde 2003, acompañados por una severa caída en la tasa de crecimiento de su población, lograron mantener su liderazgo en Sudamérica durante los años 2006, 2007 y 2008. Argentina se situó entonces como la economía con mayor PIB per capita de la región.
De acuerdo con estos resultados, hoy Argentina se posiciona entre los 50 mejores estados a nivel global, por encima de todas las economías sudamericanas, incluso las más potentes como Brasil y Uruguay.
Al observar el gráfico superior, vemos la evolución del PIB per capita en Argentina y Brasil desde la década de 1990. El caso argentino manifiesta un importante incremento en dicho período de tiempo, con dos caídas bien marcadas, primero en 1995 y luego en 2002 como consecuencia de sendas crisis que ya hemos explicado con anterioridad. A partir del 2003 las mejoras fueron muy importantes, esto ayudó a alcanzar la cantidad de US$ 16.000 a la que hemos hecho referencia más arriba.
El PIB per capita brasileño, al igual que el de Argentina, va creciendo continuamente, con una pequeña excepción el año 1998 (inicio de la recesión).
Del mismo modo que en su país vecino, los altos picos inflacionarios en Brasil se corresponden con las altas tasas de pobreza. De nuevo, podemos concluir que la inflación perjudica a aquellas personas con ingresos más bajos. No obstante, una vez estabilizados los precios en el año 1995 se observó que la pobreza no disminuyó sino que se mantuvo constante alrededor del 35% y el 32% durante ese período.
El desempleo sin embargo ha crecido de forma más o menos sostenida des del año 1990, cuando las tasas de desempleo y pobreza alcanzaron los mayores valores del período. En el año 2003, coincidiendo con la llegada de Luis Ignacio “Lula” Da Silva al gobierno de Brasilia, la tasa de desempleo empezó a disminuir y la renta de los brasileños más pobres ha crecido más desde entonces que la de los ricos.
Conclusiones
Aunque el éxito no esté garantizado, Argentina tiene ciertas posibilidades para acelerar su crecimiento y desarrollo hasta ponerse a la altura de los demás países desarrollados. No obstante el desarrollo es mucho más complejo y no solamente se basa en el crecimiento económico de un país sino en la transformación de una sociedad en todo su conjunto. Actualmente el país tiene serios problemas de inseguridad, desempleo, pobreza y mala distribución del ingreso como hemos podido observar en los gráficos anteriores. Y hasta que estos aspectos no mejoren para la mayor parte de la población Argentina no estará a la altura de los demás países desarrollados. Para poder mejorar en ciertos aspectos anteriormente citados es necesaria la intervención del estado. En ámbitos como por ejemplo: la educación, la atención de la salud para toda la población, la creación de un sistema jurídico eficaz, etc. Es por este motivo que el camino hacia un desarrollo económico es largo y a la vez con muchos obstáculos.
En el caso de Brasil hemos podido ver como su demografía y su territorio, así como la posesión de diversos recursos naturales y tecnológicos (los cuales han impulsado el desarrollo industrial) son ciertas características que posicionan a este país como más fuerte. Finalmente cabe destacar que su sector agrícola es totalmente autosuficiente, esto permite abastecer tanto las demandas internas como externas del país.
Una vez implementado el MERCOSUR, Brasil se ha consolidado como líder económico de la región.
El crecimiento económico de este país así como su solidez institucional y bienestar social con reducción de la pobreza y de la desigualdad sitúan a Brasil en el escaparate internacional.








